Cuando vean la abominación de la desolación, si están en la llanura, huyan hacia las montañas, si están en la terraza, no entren a la casa por sus cosas, si están en la carretera, no regresen a casa. Lloren por las que estén embarazadas ese día. Recen para que no suceda en invierno. Si alguien les dice “aquí está el salvador, ya llegó el salvador”, no le crean, ¡no le crean! Falsos salvadores. Falsos profetas. Los poderes de los cielos resquebrajados. Ni el día ni la hora.
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En la búsqueda constante de más adeptos, los dirigentes de una iglesia contratan a un joven actor para que escenifique la pasión de Cristo esperando que la puesta en escena haga que los creyentes (y los no tanto) pueda apuntalar su fe.
Pero las cosas no resultan como se esperaban ya que el actor se dedica a estudiar en todas las fuentes posibles con tal de darle más verosimilitud a los personajes, con el consiguiente desmayo de los religiosos ya que incluso se llega a afirmar en el transcurso de la obra que Cristo fue el hijo bastardo de un soldado romano.
En su momento esta cinta fue objeto de múltiples críticas por parte de los sectores ultra-conservadores que, por cierto, ni siquiera se tomaron la molestia de verla ya que, si así lo hubieran hecho, se hubieran encontrado con una cinta de un profundo sentido religioso que no hace sino cuestionar la imposibilidad de creer en la divinidad en el momento presente. En este sentido la cinta se relaciona con Yo te saludo María de Jean Luc Goddard y que también fue objeto de vilipendio por aquellos que hablan de moral, fe y buenas costumbres, pero que prueban las delicias de la carne de monaguillo.
En Guadalajara (la ciudad en la que sobrevivo) esta película fue exhibida en la hoy extinta Sala de Arte Gran Vía (a un costado de una iglesia), siendo objeto de múltiples ataques como la pinta que apareció en toda su fachada y que decía “No al cine ateo, muera el comunismo”.
Dirección:Dave McKean Guión: Neil Gaiman (historia original de Dave McKean y Neil Gaiman) Fotografía: Anthony Shearn Edición: Nicolas Gaster Intérpretes: Jason Barry, Rob Brydon, Stephanie Leonidas, Gina Mckee Duración: 104 minutos Origen: UK, 2005 DVD: Sony Home Entertainment
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Helena, una niña casi adolescente, trabaja en un circo propiedad de sus padres. La rutina cotidiana de las actuaciones y la enorme presión que sobre ella ejerce su madre en particular hacen que desee escapar hacia una vida “normal”, pero la trágica enfermedad de su progenitora hace que en lugar de emigrar a un mundo alejado de la fantasía, emprenda un viaje en un mudo fantástico en el que la búsqueda de un amuleto puede ser la salvación de una vida.
Suena raro ¿no? . Lo que pasa es que cada vez me gusta menos contar puntos nodales de la trama y prefiero compartir mis impresiones, totalmente subjetivas y alejadas de las tira-netas. En este caso si bien Mirrormask es un prodigio del diseño y del uso de efectos visuales y CGI, mientras la veía en una de mis sesiones de insomnio me hizo pensar en lo hermoso que es un castillo de naipes. Hermoso pero frágil.
Así pasa con Mirrormask ya que toda la tecnología no puede ocultar una trama endeble, un ritmo lentolentolento y una protagonista con la misma capacidad expresiva de una bolsa de detergente Foca.
No con lo anterior quiero decir que no valga la pena, de hecho hay imágenes de una fuerza extraordinaria y algunos personajes secundarios realmente entrañables, pero es el conjunto donde el director no supo (o no quiso) ofrecernos algo más que un enorme (y delirante) festín visual.
Dirección : Béla Tarr Guión: Béla Tarr Fotografía: Barna Mihok Edición: Anna Kornis Intérpretes: Laszlone Horvath, László Horváth, Gábor Kun, Música: János Bródy, Mihály Móricz, Szabolcs Szörényi, Origen: Hungría, 1979 Duración: 100 minutos. Aspecto en pantalla: 1.33:1 DVD: Filmoteca Fnac
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No meteré a la niña en un asilo sólo porque no tengo una casa. Tengo una hija para poder vivir juntas. Criarla, que sea tu alegría, pero no de esta manera. Para empezar somos 11 personas embutidas en un cuarto, además, nos echarán y acabaremos bajo las estrellas, y luego vamos a tener que vagar. Hago lo posible por darle lo mejor a mi hija. Como ahora, que no tenemos casa, no puedo dejar que duerma en la calle, ¿qué voy a hacer?, no le puedo decir que no tenemos casa. Si pudiera conseguir una casa sería maravilloso, no me importaría dormir en el suelo de madera o de piedra, de lo que sea. Sería maravilloso.
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En un pequeño apartamento (un cuarto, una cocina, un baño), sobreviven un hombre entrado en años, su esposa, su hijo, su nuera y la hija de esta. La llegada de otro de los hijos desencadena una crisis brutal en la que la falta de espacio desbarata cualquier posibilidad de diálogo o entendimiento.
Lo que aparentemente es sólo una búsqueda del espacio para vivir como seres humanos nos permite asomarnos al horror de la convivencia forzada en la que lo más doloroso no es precisamente el no tener una puerta para cerrar y aislarse del mundo, sino la brutalidad, el acoso, la humillación y el desprecio de aquellos que, se supone, deberían ser el respaldo ante un medio empobrecido y desolado.
Este primer film de Bela Tarr, cineasta prácticamente desconocido en México, resultó toda una sorpresa para el que esto escribe ya que con una economía de medios sorprendente, nos presenta una radiografía de las casi imposibles condiciones en que tenía que sobrevivir los trabajadores húngaros a finales de los años setenta.
Mientras en el mismo año se estrenaba en todo el mundo Star Wars, Bela Tarr llamaba la atención sobre los desesperados, los solitarios y desposeídos, los que aún y a pesar de todo no perdían la esperanza.
Intérpretes: Carl Boehm, Moira Shearer, Anna Massey, Maxine Audley
Origen: Uk, 1960
Duración: 1:39
DVD: Universal
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¿Sabes que es lo más espantoso? El miedo. Así que hice algo muy simple. Cuando sintieron la hoja en la garganta y sabían que las iba a matar, las obligué a que vieran su propia muerte. Las obligué a ver su propio terror cuando les clavé la hoja. Y si la muerte tiene rostro, también lo vieron.
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Muchos años antes de que David Lynch nos enfrentara a los abismos más recónditos de la perversión del ser humano, Michael Powell sacudió al mundo del cine con Peeping Tom, obra enloquecida sobre el voyeurismo y la fascinación con la muerte en directo y que, a pesar de encontrarse cerca de cumplir medio siglo de haber sido filmada, no ha perdido ni un ápice en su capacidad de sacudir al espectador.
¿Y por qué sigue impactando?, porque desde el primer plano de la cinta, y mediante el uso magistral de la cámara subjetiva, nos convertimos en cómplices de Mark Lewis (Carl Boehm), el fotógrafo con tintes psicóticos fascinado con la posibilidad de capturar en celuloide la agonía de sus víctimas y el rostro mismo de la muerte.
Pero la perversión no surge de la nada. Mediante el uso de flashbacks en forma de películas caseras, presenciamos el proceso de tortura de Mark por parte de su padre, mismo que al querer comprobar sus teorías sobre las reacciones del sistema nervioso ante el miedo, somete a su hijo a una serie de experimentos bizarros con el solo propósito de filmar sus expresiones de pánico.
En su momento la crítica especializada calificó a esta cinta como morbosa, pervertida y despreciable,pero con el paso del tiempo fue reconocida como una obra totalmente original y por consiguiente, adelantada a su tiempo.
Como detalle curioso, el director de esta cinta interpreta al padre torturador.
Mis estimados lectores, hoy les quiero compartir un artículo que tuve la oportunidad de leer en "La voz del PRD", perdón, en La Jornada del 28 de febrero sobre un género que se encuentra particularmente cerca de mi corazón sarnoso: la ciencia ficción charra.
Ojalá algún diá un investigador se de a la tarea de recuperar otro gran género cuasi-olvidado, el cabrito-western.
Por cierto, el domingo pasado soporte 2 minutos del espantoso doblaje al español realizado por Televisa para Naranja Mecánica. Pobre Kubrick, él si debe estarse retorciendo en su tumba.
¿Cine de ciencia ficción mexicano? Sí, existe, sólo basta recordar a las invasoras extraterrestres, encabezadas por Lorena Velázquez y Ana Berta Lepe, tratando de seducir a Piporro, o al Santo, Resortes, Capulina o Chabelo que batallaban con seres de otros planetas, con todo y sus robots y naves chorizas.
Ese género desdeñado por la crítica, pero que de los años 40 a 60 fue el sostén de la industria nacional luego de la llamada epoca de oro, por primera vez es objeto de una investigación que agrupa y analiza toda su filmografía, además de presentar fotogramas inéditos y textos de especialistas en el libro El futuro más acá, que este jueves se presentará en Cinemex Antara a las 19 horas, en el contexto del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (Ficco).
La idea, comentan los creadores del proyecto, Itala Schmelz (directora de la Sala de Arte Público Siqueiros), Vania Rojas y Héctor Orozco, nació a partir de un ciclo de cine del mismo nombre organizado por ellos y que exhibió en 2003 seis títulos en copias de 35 milímetros (pertenecientes a la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM), las cuales siguen recorriendo festivales en el mundo.
El extraordinario volumen agrupa una serie de fotogramas inéditos de algunas de estas cintas, además de textos de especialistas en el tema, como Alfonso Morales, Naief Yehya y Miguel Angel Fernández Delgado.
Ardua labor
Los compiladores aseguran que la búsqueda comenzó con la obligada Historia documental del cine mexicano (de Emilio García Riera, quien no le da ningún valor a estas cintas). Luego en los acervos de la Filmoteca de la UNAM, la Cineteca Nacional y con los productores. "Trabajo arduo fue el ir a las casas productoras, con algunos investigadores y a mercados de pulgas para completar la investigación. Es un libro lleno de inéditos y de aspectos en cuanto a reflexión se refiere", afirman.
Así, establecieron el contexto socio histórico en el cual se realizaron y estrenaron estas películas, sin dejar de comentar la dificultad para recolectar esta filmografía que estaba en el olvido. "Fueron confinadas. Eran los restos de un cine que fue sepultado vivo por historiadores y críticos, empeñados en atender y crear una cultura cinematográfica con los parámetros del cine europeo".
Los investigadores dicen: "No queremos que sea sólo un asunto de guasa. Las imágenes son muy divertidas, muy poderosas, pero no es nada más agarrarlas en plan de diseño, sino estudiarlas. Muchas de estas gráficas son inéditas y estaban embodegadas. La prospección del futuro con el tema de los viajes extraterrestres, con las visitas de estos seres a la Tierra, de los robots. ¿Cómo ha asimilado México, a través de su cine, el imaginario del futuro? Y ahí es donde entra una parte chistosa, pero otra que nos ha permitido ver desde un ángulo singular la idiosincrasia nacional, como el hecho de que México siempre se ha presentado ante las naciones como un pueblo de tradiciones milenarias, un país de costumbres campestres. Estas imágenes se confrontan con los robots, los extraterrestres y sus naves".
Agregan: "Nos daba la sensación de que México no creía en el futuro, de que eso era una tema de guasa, de que México estaría a la vanguardia tecnológica era otro tema de chiste".
En opinión de los recopiladores, el cine de ciencia ficción mexicano era un cine hecho con pocos recursos, "que esperaba ganar mucho dinero, era bastante taquillero. La nave de los monstruos tuvo varias semanas con salas llenas. "Se da en un periodo por ahí de los años 50 y 60, en el que la ciudad de México se modernizaba. Es importante ver, a partir de estas cintas, a la cultura popular mexicana, muestra un despegue en cuanto a tecnología".
Reciclar para sostener
Comentan que los especialistas no tocaban ese tema porque es el de un cine de bajo presupuesto. "El dinero se lo gastaban en contratar a una estrella y lo demás con lo que saliera. Hay ejemplos de monstruos que se repiten en diversas películas, o también escenografías, inclusive algunas que no tienen nada que ver, como la usada en una cinta de Julio Bracho sobre la vida de Jesucristo, en la que aparecía en el escenario un planeta que se llamaba Rumania. Se reciclaba todo para poder sostener las taquillas. Es una parte importante porque forma parte de la historia del cine al tiempo que del país. Nos enseña lo que nos ha costado estar cerca de Estados Unidos y tener que absorber mucho de su cultura".
Cabe señalar que luego de algunas mesas redondas que se realizaron durante ese ciclo en 2003, se dieron las bases para hacer el libro.
En la obra hay un humor involuntario, que es objeto de análisis de esas producciones, "pero no es asunto de desprecio. En los años 60 se dividió la cultura popular de lo que era cultura académica, y para los críticos era vergonzo este tipo de producciones. Es el resultado de un industria echada a andar que se quedó en el aire. Los productores se preguntaban cómo hacer para ganar mucho e invertir poco, y tuvieron éxito en sectores populares, porque es un cine que sí les habla de cerca. A estas cintas, como comenta Alfonso Morales 'podía ir toda la familia': el papá podía ver a las extraterrestres con cuerpazos, el niño a los luchadores que eran sus héroes. Tenían una concepción de mercadotecnia amplia. Además, había realizadores de la época de oro tomando fotografías... hueseando".
-¿Cinematográficamente cuál es el valor de este cine?- se les pregunta.
-Podría verse como una crítica del cine desde el cine. Un crítica involuntaria. Cuando los mexicanos hacemos la especulación de que los marcianos aterrizan en Xochimilco sabemos tanto como los estadunidenses que lo harán en Nueva York. Lo que nos hace ver este cine es que la incertidumbre es paralela. Es un nacionalismo que estaba hecho en una época en la que había que construir identidad. En este cine los mexicanos somos únicos. Luego de conocer planetas maravillosos, los extraterrestres llegan a México y dicen: "es el paraíso".
"A los productores no les interesaba la ciencia ficción; un día filmaban a Piporro en la Luna y otro a charros. No había una inquietud auténtica; no había tesis, era adoptar las iconografías clásicas y ponerlas en el contexto nacional."
- Todos tenemos momentos de abatimiento. Cada vez que sufro un desengaño amoroso me voy a correr. El footing ayuda a evaporar el agua del cuerpo. Y así no queda nada para las lágrimas.
- Por un motivo u otro todo tiene fecha de caducidad. Me pregunto si hay algo en el mundo que no vaya a caducar. Quisiera encontrar una relación que no caducara
- Antes estabas gorda y feliz. ¿Qué es lo que te ha pasado? (Tony Leung hablándole a una barra de jabón)
-¿A dónde quieres ir?
- A donde tu me lleves.
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Después de una semana especialmente árida en cuanto a las películas que pude ver, tuve la oportunidad de ver esta pequeña maravilla de Wong Kar-Wai en la que se anuncian los temas que después serán objeto de atención en las extraordinarias In the mood for love y 2046.
Chungking Express fue justo lo que necesitaba para reencontrarme con mi pasión por el cine, ya que a pesar de su tono ligero rayano a veces en la comedia, logró lo que muchas otra cintas no han hecho: Me conmovió.
Me conmovieron las historias de seres solitarios que viven en ciudades por demás sombrías y que un instante definitorio (y quizá definitivo) entrecruzan sus vidas sin saber del todo que es lo que depara el lento y vacilante curso de los días.
Encuentro fascinante la pasión que no tiene que ver con grandes escenarios o superproducciones. Basta ver como el amor (o algo que se le parece) surge entre seres marginales marcados por el abandono y que bien a bien no saben que hacer con el regalo que se les presenta.
Deliro por los finales como el de esta cinta en los cuales, una vez que aparecen los créditos, dan pie a que la imaginación siga volando, a que renazca la esperanza, a que algún día llegue en el que las vidas (la tuya y la mía) puedan llegar más alto de lo que nuestros temores nos dejan ver.
Ya como nota aparte les cuento que esta cinta fue filmada de manera por demás azarosa, ya que su director, enfrascado en la problemática relacionada con otra cinta que estaba filmando (Ashes of time), le dio por escribir durante el día algunas ideas y filmar por las noches, sin tener del todo claro hacia dónde iba su historia.
Y lo que en un principio fue una válvula de escape se convirtió en una cinta inolvidable, por lo menos para este cursi irredento e irredimible.
Con tristeza y desencanto les cuento que, desde hace más de una semana, no ha caído nada digno de comentarse en mi aparato reproductor (de dvd).
De manera tardía he visto algunas cintas que, como simpre, por falta de tiempo o por simple flojera de acudir a un siniestro multicine carroñero, no pude ver en su momento.
Les comento dos, Ultraviolet y El descenso, dos cintas que en sus cortos pormetían algo interesante y al final sólo resultaron meros ejercicios de absurdidad e incoherencia. En especial la primera me dió la impresión de estar viendo un videojuego particularmente vistoso pero sumamante aburrido. Y de la otra... pues que puedo decirles, una premisa interesante despedazada por la impericia del director por sostener una trama que pasa de la inquietud y la desesperación a una especie de Rambo femenina vs Los mutantes diabólicos de la obscuridad perversa.
Y no es que esté en contra del cine palomero y anti-neuronas, disfruto como el que más una cinta de acción trepidante o de horror brutal, pero incluso los pepenadores saben elegir entre la basura aquello que se puede rescatar.
Dirección: Liliana Cavani Guión: Liliana Cavani, Italo Moscati Fotografía: Alfio Contini Edición: Franco Arcalli Música: Daniele Paris Intérpretes: Charlotte Rampling, Dirk Bogarde Aspecto en pantalla: 1.85:1 Origen: Italia, USA 1974 Duración: 115 minutos DVD: Criterion
* ¿Alguna vez quisieron ver una película y no pudieron porque era para adultos?. Quizá para todos aquellos que se aficionaron al cine en estos tiempos de dvd e internet resulte muy fácil tener acceso a los materiales más extraños (y perversos) que sea posible imaginar, pero cuando el cinéfilo sarnoso era joven (ya llovió) el cine sólo podía verse en el cine, las videocaseteras eran algo relativamente reciente y sumamente caro, y en televisión no había gran cosa para los gustos alternativos. Sólo había un puñado de salas de arte en las que de vez en cuando era posible asistir a ciclos magníficos en los cuales era posible ver desde el Ciudadano Kane hasta 2001, Una Odisea del Espacio.
Ya desde mi adolescencia, y en buena medida gracias a la influencia de P y M, me aficioné al cine de todos los géneros y tiempos. Era fascinante poder largarme totalmente solo al cine y descubrir cinematografías insólitas, a veces limitados solamente por mi edad, porque han de saber que durante algún tiempo, no bastaba ser mayor de edad, había que tener más de 21 años para ver cintas como Naranja Mecánica o La Montaña Sagrada, o de plano en funciones de media noche en las ahora extintas salas de Gustavo Alatriste (Cine del Estudiante, Cine Buñuel).
Y una de las películas que se me escapó fue precisamente Portero de Noche, misma que 21 años después me hizo pensar: ¿esperé 21 años para esta babosada?.
En efecto, Portero de Noche es una película con una endeble fama, y que si no fuera por la participación de dos estimables actores como Dirk Bogarde (q.e.p.d) y la bellísima Charlotte Rampling, estaría destinada al mismo estante donde tengo guardadas mis películas de Rigo Tovar y Alfonso Zayas.
Portero de noche intenta abordar la relación entre un antiguo guardia de un campo de concentración nazi y una superviviente del mismo. Habiendo desarrollado previamente una relación sadomasoquista, su reencuentro fortuito los lleva a seguir explorando el vínculo que había quedado en suspenso.
Si bien el análisis de una relación sadomasoquista puede resultar de cierto interés, la burda puesta en escena de la directora no me convenció ni siquiera por un instante de la credibilidad de los personajes o de la historia. Y ojo que tengo bien clara la diferencia entre realismo y realidad.
¿Saben qué?, me acabo de dar cuenta de que quizá si me gustó la película, voy a esperar algunos días para verla otra vez y quizá entonces cambie mi opinión.
Sólo pude conseguir este video, espero que sea de su interés, mis queridos lectores:
Intérpretes: Tony Leung, Gong Li, Faye Wong, Ziyi Zhang, Takuya Kimura, Carina Lau, Chen Chang, Wang Sum.
Origen: Hong Kong, 2004
Duración: 128 minutos.
Aspecto en pantalla: 2.40:1
DVD: Sony Pictures Classics
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Un misterioso tren parte de vez en cuando hacia el 2046. Cada pasajero que va al 2046 tiene la misma intención. Quieren recuperar las memorias perdidas. Porque nunca nada cambia en el 2046. Nadie sabe si esto es verdad. Porque nadie ha regresado. Excepto yo.
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Todos los recuerdos son huellas de lágrimas.
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Para mí 2046 es un estado mental al que acudimos cuando queremos recuperar lo que hemos perdido, cuando tratamos de conservar no sólo la persona o el tiempo dejados atrás, sino también el momento y la atmósfera. Sería por tanto una especie de utopía, algo que no existe. Casi un paraíso perdido. 2046 no alude a una fecha o a un lugar del futuro, sino que trata del ahora, de por qué experimentamos más intensamente lo que tuvimos en el pasado que lo que nos rodea en el presente.
Wong Kar-Wai
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2046, ¿un lugar?, ¿un año?, ¿una utopía?, nadie lo sabe. Pero al mismo tiempo 2046 es el lugar al que se viaja por tren en busca de los recuerdos. Nadie ha regresado de ese viaje. Quizá todos estamos en el. Quizá nunca partiremos.
Wong Kar-Wai nos presenta una cinta inclasificable, triste y dolorosa pero al mismo tiempo exaltante, retomando los temas que ya había abordado en su cinta previa In the mood for love. Mediante la renuncia voluntaria a las convenciones narrativas, nos adentramos en el mundo de Chow Mo-wan (Tony Leung) y su relación con tres mujeres después de perder (o renunciar) a la única mujer que en verdad amó. Y al final, ante la imposibilidad de amar en el mundo real, se enamora, en ese tren que va al 2046, de una androide.
2046 resultó una experiencia ambivalente para este servidor ya que, si bien hay secuencias prodigiosas como las del tren, hay otras que dan la impresión de pertenecer a otra película. Quizá la premura del director por presentar su cinta en el Festival de Cannes 2004 no le permitió ahondar más en sus personajes o en sus historias, si bien es sabido que al no usar un guión escrito, Kar-Wai podría haber seguido filmando de manera indefinida.
Me acabo de dar cuenta de que me resultó frustrante la experiencia porque esta es una de esas cintas que se acaban demasiado pronto, y es que llegan a ser tan cautivantes los personajes y sus historias personales que, por una vez, quisiera que esta fuera un cinta que se prolongara de manera indefinida hasta que la pantalla y la vida del que esto escribe se fusionaran viviendo para siempre en el tren que va al 2046.
Disfruten esto, antes de que lo quiten de YouTube:
Trailer:
Otro trailer, en pan and scan, pero que se le va a hacer:
Me encantan los programas triples, los gatos, las madrugadas, el vino (merlot y chardonnay), el jazz, el blues, el rock de los setentas, los corridos de caballos del Piporro, la poesía de Cummings y Sabines, los cuentos y novelas de Bukowski y Lovecraft, escuchar la radio por las madrugadas (la Consentida rulez!), y vagar por jardines solitarios y habitaciones vacías, las enemistades mutuas, las tortas del mercado San Juan de Dios, la irreverencia y la palabra soez. No pienso abordar los estrenos más recientes de la cartelera, casi todo es una enorme carretada de basura. Y tengo la firme creencia de que bailar cumbias sacudiendo la cola es una forma maravillosa de quitarse lo misterioso y lo pendejo. Y que Godzilla es un chingonazo. Y que los desfiles de moda son una soberana pendejada. Y que hay tener muy poco de ser humano para disfrutar una corrida de toros. Y por si fuera poco, creo que la mayoría de los políticos no valen más de tres gargajos de tuberculoso.